Los lienzos de Ana Zulaica son puro placer estético, con una gama de colores impresionista y un trazo insinuante pero preciso. La artista emplea las fotografías que ella misma toma como modelo para sus pinturas, y retrata su entorno, su familia y sus viajes. Pero de una personalísima manera, en la que muchos retratos no tienen rostro, lo que no les resta un ápice de fuerza. Predominan en ella los tonos azules y verdes, tanto en sus playas y prados como en las estampas urbanas que tanto le gustan: bares, terrazas, paseos llenos de gente. (Publicado en el diario Expansión, 15 de mayo de 1999).
En sus primeras obras ha ido evolucionando desde la búsqueda de la escena perfecta, a través de la figura estática, a capturar el momento irrepetible con todo su dinamismo y espontaneidad. (Catherine Coleman. Conservadora del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía).
Conocedora de la estructura de los cuerpos y el espacio debido a su formación, quiere abrir nuevas vías hacia lenguajes cercanos a la pintura sola. Descompone así el perfil y la pincelada con expresiones distintas. El orden de los trazos, casi cientifista en su afán, reconstruye la realidad sensible en la retina del espectador. Y es por aquí precisamente donde se centra ahora, en la pérdida del detalle en pro de la libertad de la Pintura. (Fernando Rincón. Periódico El Punto de las Artes).






